
Tras doce años en esta industria, si hay algo que es una constante es el desconocimiento general sobre las licencias tipográficas. Primeramente y lo principal que debemos tener siempre en cuenta: cuando se «compra» una tipografía, no estamos comprando la tipografía per se, sino que estamos adquiriendo el permiso para su uso bajo ciertas condiciones. A continuación, la lista de artículos de esta mini serie (se irá actualizando):
SERIE TYPO101:
Licencias tipográficas
Fuentes para la web
Fuentes para apps y marcas
Obtención de licencias tipográficas
Contratos de diseño
Antes de entrar en materia creo que es importante poner claros algunos puntos. Lo primero es que una tipografía es el diseño visual del conjunto de caracteres. Estas pueden ser OTF, TTF, WOFF, entre otras y técnica y legalmente son consideradas software estructurado, por lo que su licenciamiento suele tratarse en los mismos marcos legales.
En la práctica, la licencia regula cosas como:
quién puede instalar el fichero
cuántos usuarios (o equipos) pueden utilizarlo
si puede incorporarse a un sitio web
si puede incrustarse dentro de una aplicación móvil
si puede distribuirse dentro de un ebook, plantilla o producto
si puede modificarse
si puede transferirse o compartirse con terceros
Además, conviene remarcar que «uso comercial permitido» no equivale a «todo uso permitido». Adobe Fonts, por ejemplo, autoriza uso personal y comercial dentro de su ecosistema, pero distingue entre uso de escritorio, web, aplicaciones y entrega de archivos al cliente.
No existe una nomenclatura completamente universal. Cada fundición redacta su propio EULA (End User License Agreement, o lo que es lo mismo en español: Acuerdo de Licencia de Usuario Final), sin embargo, podrían englobarse en cuatro principales: escritorio, web, app y marcas.
En este primer artículo abordaremos la licencia probablemente más usada, la más común y que con matices, es la que más vamos a utilizar en nuestros proyectos.
Conocida comúnmente como Desktop Font, esta licencia permite instalar la fuente en computadoras y usarla en programas como Illustrator, InDesign, Photoshop, Word o similares. Generalmente suele cubrir también la creación de logos y marcas, aunque también conviene corroborar siempre la licencia antes de ponernos a diseñar.
Entonces, la licencia de escritorio suele cubrir la creación de:
logotipos
piezas impresas
imágenes
publicaciones
presentaciones
archivos vectoriales con el texto convertido a curvas
entre otros aplicativos similares
Lo que normalmente no cubre es cargar el archivo de fuente en un sitio web o incrustarlo dentro de una aplicación. Una licencia desktop sirve para diseñar una interfaz, pero no necesariamente para implementar la fuente en el producto final. En los próximos artículos vamos a revisar los otros tipos de licencia y cómo se obtienen y/o gestionan.
Este creo que es uno de los puntos más importantes y delicados. Una fuente gratuita sigue teniendo licencia. La diferencia es que el titular concede ciertos derechos sin cobrar una tarifa directa.
Podemos distinguir entre:
gratuitas solo para uso personal
gratuitas para uso comercial
open source
freeware con restricciones
versiones demo
licencias académicas o no comerciales
La SIL Open Font License (OFL) es una de las licencias abiertas más comunes en tipografía. Permite usar, estudiar, modificar y redistribuir las fuentes, incluso en proyectos comerciales, con ciertas condiciones.
Una fuente OFL puede utilizarse normalmente en:
identidades de marca
sitios web
aplicaciones
documentos
productos comerciales
piezas impresas
Usar o incrustar una fuente OFL en un documento no obliga a publicar ese documento con la misma licencia. Las obligaciones más relevantes aparecen al modificar o redistribuir el propio software tipográfico. Al modificar y redistribuir una fuente OFL, deben conservarse los avisos de copyright, la licencia y las declaraciones de nombres reservados cuando existan.
Como podrán ver el uso de tipografías en proyectos de diseño, que a simple vista podría parecernos de lo más trivial, realmente no lo es. En muchas situaciones y dependiendo el tamaño del cliente, puede que nunca lleguemos a tener problemas, sin embargo, cuando sí sucede (y sí que sucede), puede derivar en demandas, indemnizaciones o compensaciones que a nosotros los diseñadores como profesionales responsables es a quienes nos tocará hacernos cargo.
En los próximos artículos de esta mini serie Typo101 veremos las otras licencias más comunes (web, app, marcas y personalizadas), así como quién debería pagarla, dónde se compran y los casos de uso como los de Adobe Fonts, Google Fonts y proveedores similares.




